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Indice:
Arquitectura tradicional [modif. may2008]
Recorrido por las fiestas y tradiciones
Labores del campo [+info may2008]
Labores domésticas
[+info may2008]
Artesanía Cepedana
Juegos
Gastronomía
Vocabulario típico de la zona: Cepecionario [+info may2008]
Dichos y frases habituales en Cepeda [+info sep2008]
Leyendas e historias cepedanas [+info sep2008]
Galeria de Arte Virtual [+info may2008]
Cepeda de la Mora cuenta con un importante arraigo histórico en su cultura y sus tradiciones que ha ido configurando el carácter castellano del pueblo. Múltiples rincones y facetas de la vida cotidiana han enriquecido, y enriquecen, la vida y las gentes de Cepeda.
Arquitectura Tradicional [modif. may2008]
En 1752 en Cepeda de la Mora el 20% de las casas eran pajizas y las únicas fabricadas con granito autóctono y tejas (empiezan a ser frecuentes los tejares como industrias de aldea) son las de los ganaderos y agricultores acomodados, el resto eran de fábrica de tapial o adobe, con escasa ventilación y pobre mobiliario.
En la construcción de las casas típicas cepedanas y su estructura han influido muchos factores, la climatología, la actividad económica principal y la geología de la zona.
Actualmente las viviendas tradicionales son de piedra de granito, para su construcción emplearon las piedras de los lanchares de los alrededores, que eran traídas hasta el pueblo en carretones movidos por yuntas, más bajos que los carros y con las ruedas más pequeñas, también se utilizaban para su traslado las narrias, troncos de árbol en forma de V.
Las casas generalmente tenían a la entrada el portón que abría paso a un corral, protegido por un tejadillo rústico en las casas más pudientes, en el corral se enganchaban las yuntas al carro, disponía también de un rimero, en el que almacenaban los piornos para tener leña para el invierno, un tenao para proteger el carro y las herramientas de las inclemencias del tiempo y la casilla en la que guardaban las vacas y el heno.
Suelen tener las casas 3 vigas graníticas que hacen de dintel a la puerta de entrada. La zona norte de la vivienda tenía una zona semi enterrada para resguardarse del frío. Antes de la llegada del agua a las casas, que se produjo en el año 1972 (la inauguración oficial fue en el verano del 73) , prácticamente todas las casas tenían un pozo que abastecía las necesidades de las viviendas. Posteriormente se fueron quitando, ante su falta de uso, por seguridad para los más pequeños.

En el interior de las viviendas, la planta baja tenía el suelo de lanchas de granito; a la entrada, el portal con bancos y un vasar servía de recibidor. La altura interior de las viviendas no era muy elevada, la población de aquella época no tenía mucha altura, y además, esto ayudaba a conservar el calor.
Pero la pieza fundamental de la casa era la cocina, en torno a la gran chimenea, alta y que ocupaba prácticamente la mitad de la misma, siempre cargada con piornos y sobre la que solía colgar algún caldero lleno de remolacha cociendo para dar de comer a los guarros. Y algún que otro puchero calentando agua. Otra de las piezas clave de la casa era la panera, lugar en el que se almacenaba el grano con el que se alimentaba a las gallinas, etc. Ese era el motivo de que casi todas las casas tuvieran un gato y las puertas estuvieran horadadas con gateras.
Las pilas de fregar de las cocinas eran de piedra granítica y tenían en la pared una abertura que servía de desagüe a las regaderas que bajan de la sierra el agua en verano para los campos. También había cocinas de hierro forjado, que se alimentaban también de leña.

Las ventanas, por el clima de la zona solían hacerse muy pequeñas, para evitar la mínima pérdida de calor, aunque se agrandaban hacia el interior para conseguir captar más luz. Los muros de piedra eran muy anchos (entre 90 cm y 1m).
Las alcobas, normalmente sin ventana, tapadas por una cortina, en las que se situaban las camas, daban a una sala más amplia e iluminada.
La segunda planta de las viviendas tenía suelo de madera y por encima estaba el doblao, en el que se guardaban los trastos viejos.
Recorrido por las fiestas y tradiciones[volver arriba]
A principios de los años sesenta, Cepeda sobrepasaba los 400 vecinos. La vida en el pueblo transcurría lentamente, en un devenir apenas perceptible, marcado por pequeños acontecimientos que sembraban el calendario anual y quebraban sin sobresaltos la apacible monotonía de un pueblo, como tantos otros municipios de Castilla, avocado a la despoblación y al abandono.

El curso escolar se iniciaba ya con el otoño en puertas, ese otoño prematuro que comienza a dorar las copas de los chopos desde finales de agosto. Las escuelas representaban un punto neurálgico del la Villa, junto con la Plaza, la Iglesia, el Centro y las Cuatro Esquinas.
En aquellos años, el vetusto edificio de piedra de Las Escuelas, ejemplo de la espléndida arquitectura civil cepedana, labrada en el mejor granito abulense a principios del siglo XX por arquitectos portugueses, albergaba por separado en sus dos aulas al medio centenar de niños y niñas del pueblo menores de doce años. Poco tiempo después, ya en los setenta y como preludio del continuo e inexorable goteo a la emigración, los muchachos y muchachas fuimos reagrupados en un mismo aula. Por último, a finales de los setenta la escuela se cerró definitivamente. Una parte de la vida rural murió con ella. El alborozo infantil a la hora del recreo se perdió para siempre.
La primera hoja de nuestro almanaque de tradiciones aparece remarcada en octubre con la elaboración de “las puches” que consistía en degustar en familia una masa cocinada a base de harina, leche y azúcar, como colofón a las tareas de recolección de las patatas, alimento básico en la gastronomía cepedana.
La recogida de patatas se compaginaba en otoño con el acopio de leña para calentar el invierno. Los hombres del pueblo “rozaban” los piornos de los cerros y los trasladaban en el carro hasta los corrales, donde los apilaban en los rimeros que cubrían los tenaos.
La apacible monotonía rural a la que se que hace alusión anteriormente se alteraba en la festividad de Los Santos. No sólo se honraba a los muertos con visitas al cementerio como hoy se sigue haciendo. Además, aquellos cuatro días en los que ya de dejaban ver las primeras nieves, Cepeda se reencontraba y se sacudía de la rutina en torno al calbote y el chocolate con pan frito.
Cabe recordar aquí una tradición que los jóvenes practicaban en aquellos días de noviembre, consistente en perseguir a los niños con improvisadas máscaras fabricadas con calabazas huecas iluminadas por una vela. En Cepeda se celebraba el día de las ánimas, y los chavales corríamos despavoridos hacia nuestras casas “perseguidos” por una de esas almas vivientes en que se convertían los mozos del pueblo.
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[continúa]
si quieres leer el texto entero pincha aquí.
Por:
Mª José Montero
Labores del Campo [volver arriba]
La Ganadería [+info nueva may 2008]
Ha sido desde los comienzos la actividad económica principal de Cepeda de la Mora y pasados los siglos, continúa siéndolo. Según la hipótesis que barajan los historiadores influyó definitivamente en la formación del núcleo urbano en esta zona. [link con info ampliada]
La vegetación de pastizal propiciada por la climatología formó una gran dehesa, y los primeros asentamientos humanos surgieron como necesidad de proteger esta fuente de riqueza, perteneciente en ese momento al señor feudal de Villatoro, de los ganados trashumantes que tenían su paso por las proximidades.
Según el Catastro de Ensenada, a mediados del siglo XVIII tenía nuestro pueblo 345 Ha. de pastos, y la cabaña ganadera estaba compuesta por 1.273 ovejas, de las que 1100 eran trashumantes, 277 vacas, 137 cabras y 61 cerdos.
Por tanto, la ganadería de esta zona en los comienzos era fundamentalmente de ganado ovino y trashumante, que partía de las montañas de origen, viajaba hacia el sur, por la Cañada Leonesa Occidental [link con info ampliada], para pasar el invierno a los llamados “invernaderos”, y retornaba hacia el Norte, después del esquileo, en el mes de junio, para pasar el verano, en las montañas, denominadas “agostaderos”.
Pero los rebaños que practicaban la trashumancia eran aquellos que por su importancia en número permitían a sus dueños el traslado, el resto de ovejas se reunían en majadas y eran vigiladas por el dueño, o alguno de sus hijos, que hacía de pastor; y un mastín, al que se ponía un collar con puntas, denominado carlanca, para mejor defenderse de los temidos lobos que poblaban la Serrota, ya que el ganado estaba continuamente expuesto a sus ataques, y al “descuido o sin cuidao”, como solía decirse, siempre encontraba alguna presa desprevenida. Al anochecer se llevaba la cena al pastor y al perro, en las casas que había 5 ó 6, porque el atajo de ovejas era grande, los alimentaban con media libra de torta de chicharros. Las tortas de chicharros, eran residuos de los mataderos de Madrid, de unos 100 kg de peso, y viajaban en el coche de línea. Era habitual que los pastores durmieran por la noche en la red, sobre un colchón de paja, protegidos por una mampara o un chozo de paja las casas más pudientes, ésta iba cambiando de lugar cada 2 ó 3 días, ya que era aprovechado para ir estercolando los terrenos, el transporte del chozo se hacía arrastrado por las yuntas. En el verano venían esquiladores de otros pueblos y se vendía la lana a los laneros de Bejar, para pesarla la llenaban en sacos y se valían de una romana enganchada a un trípode. Algunas ovejas daban hasta 2 kg. de lana, en la actualidad 2008 esquilar una oveja puede rondar los 3 €, por lo que este proceso resultaría deficitario. En el mes de junio se morecían o tomaban las ovejas, para ello mantenían apartado al carnero el resto del año, y si esto no era posible por falta de espacio, le enmandilaban con un mandil de cuero para impedir la monta. Nacía el cordero en octubre o noviembre y cumplidos los 7-8 meses se quitaban, viniendo los compradores de la comarca a comprarlos.
Las ovejas eran guiadas por un carnero castrado al que se dejaba sin esquilar una borla en “la cruz” o “las agujas” y se le ponía un campanillo grande sujeto por unas correas cruzadas por debajo de los cuernos, a algunas ovejas se les ponían también cencerras.
En los años 40, en la posguerra, 3 familias en el pueblo eran ganaderos fuertes, el resto, tenían por término medio un rebaño de 30-50 ovejas; 3 ó 4 vacas avileñas para la crianza; la yunta domada para el trabajo; un par de cerdos para la matanza, que les suministraría el alimento en el invierno; 3 ó 4 cabras y alguna mixta para que no faltaran la leche ni el queso; y un burro o alguna yegua con los que se llevaba la comida al campo, se iba a regar, etc.
Existían dos oficios ya desaparecidos, el de cabrero y el de porquero. El cabrero recogía por la mañana las cabras y las llevaba al campo, a la vuelta cada propietario iba a ordeñar la suya, en verano, al corral común en el que se recogían, y en invierno a la casilla propia. Tenía por costumbre comer en cada casa del pueblo un día, dependiendo del número de cabras que atendía. El porquero “daba a guarros” por la mañana, haciendo sonar un cuerno, que indicaba a los dueños que debían llevarlos al punto de partida “las eras de los guarros”, pasaba todo el día en el campo cuidándolos y por las tardes los traía y cada dueño recogía el suyo. Por San Antón, patrono de los animales, se celebraba una misa y cada familia daba algo de la matanza para celebrar una subasta a la puerta de la iglesia: una oreja de cerdo, un pie, un trozo de ántima, un chorizo…
Las vacas se guardaban en las casillas, atadas al pesebre, y se les suministraba alimento por la noche y de madrugada, iluminándose de un farol. Las suizas se ordeñaban también en ese horario, primero manualmente, después en los años 70 comenzaron a utilizarse ordeñadoras eléctricas, ya que en esta década empezó a comercializarse la leche a través de la empresa CLESA y los vecinos empezaron a tener suizas en mayor proporción en algunas casas llegaron a tener 10. La leche se llevaba en cubos o en cántaras a la puerta del Comercio por la mañana temprano, allí se reunían mientras esperaban a ponerse al día de las últimas noticias acaecidas, como la hora a la que se habían “recogido” los mozos la noche anterior. Cuando venía el camión cisterna “el de la leche” realizaba controles aleatorios con un líquido de contraste para evaluar su calidad, apuntaba los litros que llevaba cada uno y al mes traía el talón con el importe correspondiente, en esa época el dinero de la leche fue un aporte importante a la economía familiar, pero no duró mucho la bonanza, puesto que la entrada de España en la CEE y la aplicación de la Política Agraria Común no era compatible con estas pequeñas explotaciones familiares sin optimizar, no eran viables, en muy poco tiempo tuvieron que venderlas. El sonido de los cencerros al atardecer, en el que volvían del campo, por las calles del pueblo, para ser ordeñadas en las casillas, dejó de escucharse; también el entretenimiento de los más pequeños que acudían a observar la ceremonia de la extracción de la leche; y dejaron de existir las colas, lechera en mano, esperando para comprarla recién salida, todavía caliente.
Cuando se necesitaba vender el ganado lo normal era acudir a una de las numerosas ferias que se celebraban por entonces en la provincia, las había en Burgohondo, Piedrahita…, incluso cuentan de haberse celebrado alguna en las eras del pueblo; pero las más frecuentadas por los ganaderos cepedanos eran la Feria de Ávila de los viernes, la Feria Grande de Navarredonda de Gredos, que se celebra el día siguiente a Santiago, 26 de julio, la Feria Chica también de Navarredonda, que se celebra el 16 de septiembre (hubo unos años que adquirió mayor importancia que la primera), y la feria de Villafranca de la Sierra, que se celebraba el 13 de julio, esta última de ganado ovino y caballar, a la Feria de Ávila que se celebraba por los Santos se llevaban los chotos rebajados para evitarse su mantenimiento en el invierno y el peligro de que pudieran morirse de frío.
Para acudir a la de Navarredonda se levantaban de madrugada, a las cinco, y hacían a caballo los 15 kilómetros de distancia, atravesando Navadijos, con sus meriendas en las alforjas, y guiando el ganado en venta. A la entrada al teso de la feria contaban el ganado y cobraban “el punto” por cabeza. Los tratantes vestían un blusón negro y sombrero o gorra bilbaína, dependiendo de su procedencia. Cuando se decidían por un ternero lo marcaban con una tijera. Al anochecer regresaban después de todo un intenso día de negocios y regateos, en la antigüedad las ferias duraban un par de días.
Cuentan como anécdota que en la posguerra viajó algún ternero de estraperlo en el coche de línea a Madrid para aliviar el hambre, también en una época en la que no había vehículos particulares podían verse los chotos de pequeño tamaño, con las patas atadas, trasladados en la baca de camino a la feria o al matadero de Muñogalindo.
En Cepeda, aunque a pequeña escala, de modo completamente manual, también funcionó algún matadero, era costumbre dar a los dueños los desperdicios del animal: la sangre, la cabeza, las patas, los callos y el despojo, que bien administrado les permitía el alimento durante una semana.
En la actualidad vienen los tratantes de ganado a las casas y no acuden de Cepeda a vender a la feria de Navarredonda, aunque sigue celebrándose, adquiere cada vez un tinte más festivo que comercial, siendo más de interés turístico que ganadero.

Poniendo el hierro a los chotos. Foto de José Mª Moreno Perucha
En la actualidad, año 2008, predomina el ganado bovino [link con info ampliada], unos 14 ganaderos, suman aproximadamente 850 ejemplares de cría, de las que han trashumado este año a Extremadura unas 120; quedan 5 ó 6 vacas suizas; y del ovino, únicamente resiste un rebaño sedentario de ovejas merinas, que ronda las 400 cabezas.
Los terneros viven 7 meses con la vaca, después se ceban en la explotación o se venden a un tratante que los lleva a un cebadero.
En los últimos años la trashumancia se hacía exclusivamente con el ganado bovino y en los años 90 dejó de recorrerse el trayecto a pie, se transportaba en camiones, pero los últimos veranos ha habido poca lluvia y esto ha provocado que las dehesas de Extremadura produzcan poco pasto y que a parte del desplazamiento y el alquiler de la dehesa los ganaderos necesiten suministrar alimento al ganado trasladado y cada vez la trashumancia sale menos rentable. Por otro lado, los inviernos en la sierra están siendo cada vez menos fríos y los impedimentos para la cría en el lugar de origen están solucionándose con una mejor infraestructura de naves.
Escrito por Carmen Palomares con apoyo de varios textos y la colaboración de José Miguel Jiménez, Marcial García, Maruchi Jiménez, Rosario Prudencio y Emiliano Pérez.
La siega
En Cepeda la siega ha sido una de las tareas del campo que ha precisado siempre más personal, por lo que hace tres décadas todavía podían verse por el pueblo cuadrillas de segadores contratados de otros municipios, venían jornaleros de Navalosa, Hoyocasero, Navatalgordo, S.Juan del Molinillo… y hacían la campaña en el pueblo, alojados por sus “amos”, hasta que se terminaba la tarea.
Se comenzaba al ser de día, con la cabeza a resguardo por una gorra o sombrero de paja, se utilizaba una hoz o una guadaña y para protegerse los dedos un dedil o una manija. Cuando era preciso afilaban las herramientas con una piedra para tal fin.

Siega con guadaña. Familia García Domínguez
Posteriormente los motores de segar ayudaron bastante a la faena, usándose la hoz únicamente para los lugares más inaccesibles, y en la actualidad los tractores han contribuido notablemente a paliar la falta de gente.
Si quieres saber más sobre la siega en el pueblo pincha aquí.
Con la colaboración de Marcial García Domínguez.
La Trilla
No se madrugaba mucho, porque esta tarea se hacía mejor cuanto más seca estuviera la espiga. Previamente se habían hecho montones con los haces, denominados hacinas, y parte de estos se habían esparcido en forma de círculo, para formar la parva. Solían extenderse en cada casa varias, según se acababa con una, se recogía y se preparaba la siguiente.
En la era cada cual tenía su espacio, que era respetado de un año para otro, siempre se tenían los mismos vecinos. Los hombres enganchaban el yugo a la yunta y este a su vez al trillo, que era una tabla de madera con piedras cortantes debajo, que dejaba molida la espiga a fuerza de pasar por encima de ella.

Por lo menos un ratito le gustaba montar a todos en el trillo, pero aguantar una mañana tras otra, la semana aproximada que duraba la trilla, en algunas casas, era una tarea muy pesada, echaban mucha mano los niños, porque era toda una novedad, cada uno se llevaba su sombrero, un banquito, para ir sentado en el trillo, unas gafas de sol, de las que se compraban en un quiosco de pipas, y alguna que otra revista.
El trabajo consistía en cuidar que la yunta con el trillo no se saliera de la parva, para ello se pinchaba con la aijada a la vaca que circulaba por la parte externa cuando se veía que se desviaba demasiado hacia fuera, y a la interior, cuando se quería hacer la circunferencia más extensa. Así se iba rotando en círculo, unas yuntas en un sentido, y otras en otro, mientras dos hombres daban la vuelta a la parva, para conseguir que lo que se había molido más quedara debajo y las espigas sin cortar, encima. Alguna que otra vez les tocaba salir corriendo detrás de alguna yunta a la que se había pinchado mal y corría sin control por las eras.
También se ha trillado con caballos y los últimos tiempos, para suplir la falta de trilladores, con el motor de segar, al que se ponía un trillo detrás, cargado con piedras.
De vez en cuando se mandaba a un muchachín que fuera a traer el botijo con agua fresca de la fuente, a estos recipientes se les solía poner un tapón en el agujero más grande y un palo de piorno en el pitorro,y no solían tener muy larga vida, empezaba por mutilárseles el asa, atándoseles de extremo a extremo una cuerda para transportarlos, hasta que ya no quedaba nada de ellos, una vez llenos se ponían a la sombra del montón y se tapaban con alguna prenda para conservar el fresco.
Cuando ya comprendían que estaba el centeno, (que era lo que habitualmente se trillaba) suficientemente molido, se hacía con él un montón, para esto se ataban dos sogas al yugo y en el otro extremo un tronco (cañizo) a modo de triángulo, en este tronco se subían los que ayudaban a amontonar mientras otro dirigía la yunta, hasta tener formado el montón, a esto se le llamaba cañizar. Para recoger lo que quedaba se ayudaban de las palas de madera y los rastros; después, generalmente se pedía a las mujeres que bajaran a ayudar a barrer, esto se hacía con escobas de piorno. La costumbre en Cepeda es que las mujeres hicieran las labores de casa, y las de campo los hombres, con alguna excepción como ésta.
Cuando se sospechaba que iba a comenzar alguna tormenta se recogían los montones a toda velocidad y se tapaban con plásticos éstos y las hacinas, para que el daño fuera menor.
El método más antiguo de separar la paja del grano consistía en levantar con la pala de madera hacia arriba, aprovechando el viento, pero la máquina aventadora facilitó mucho el trabajo, se llenaba por arriba y ella iba separando, con un sistema de cribas, el grano, la paja y la espiga limpia. No se desaprovechaba nada, el grano daba de comer a los animales, entero o molido, y la paja servía para ponerla en las casillas limpia, de lecho para las vacas, cambiándosela a diario.
El ambiente de la era, en la época de la trilla estaba lleno de tamo, que era el polvillo que soltaba todo el proceso y se metía hasta en el último rincón del cuerpo.
Al atardecer, cuando se había acabado el trabajo, era todo un acontecimiento para los más pequeños jugar a esconderse entre las hacinas. También, se divertían haciendo con el centeno molinillos y pequeñas flautas; y chozas con los haces.
El último año que se trilló en Cepeda fue en 1992 o como muy tarde en 1993.
Por:
Carmen Palomares
Huertos

Aparte de coger manzanas... a ver si alguién se anima a contarnos cosas sobre los huertos cepedanos, sus productos, sus costumbres, sus temporadas...
Labores domésticas [volver arriba]
Antiguamente las labores en la casa se realizaban todas manualmente y muchos de los productos que actualmente estamos acostumbrados a comprar se elaboraban artesanalmente.
Las familias de la época, muy numerosas, se reunían en torno a la lumbre a charlar, a rezar el rosario y a tener (coger en brazos) a los muchachines más chicos, para que a las mujeres les diera tiempo a atender las tareas domésticas.
La cocina se limpiaba cada ocho días de rodillas, con estropajo y arenilla. Después se repasaba con barro, en la chimenea se daba "la morilla", que era un barro negro con el que se repasaba la zona para igualarla y luego se "cortaban" las lanchas adornándolas entre las juntas, con mucho pulso para no salirse, utilizando un barro amarillo que venían vendiendo de Navalacruz. Había costumbre de jalbegar las casas una vez al año, antes de las fiestas, y antes de estar a la venta el jalbiegue las mujeres iban a buscar barro blanco a un barranco en dirección a Garganta, montadas en un burro y con un par de sacos para equilibrar al animal.
Antiguamente en la cantarera de madera había tres utensilios: cántaro, cantarilla y botijo. A fuerza de llevar cántaros de las fuentes a las casas se iba llenando la tinaja (su capacidad era de 8 ó 9 cántaros), de la que luego se iba sacando el agua con un cazo para guisar o para fregar los cacharros si no se podía disponer de agua del pozo. La cantarilla era de menor capacidad que el cántaro, y era usada por aquellos con menos fuerza para “valer” con el cántaro, también algunos tenían la capacidad de poder transportar al mismo tiempo el cántaro y la cantarilla. En casi todas las casas había dos botijos, se bebía mucha agua, y toda directamente de ellos. Cuando “de tanto ir el cántaro a la fuente” se caía alguna pieza y se rompía, “ganancia para el cacharrero”, se solía decir. El cacharrero era el tendero que iba a la plaza (y continúa yendo de vez en cuando) a vender enseres para surtir la cocina.
Ufe lavando en el Vijuelo
Antes de llegar el agua a las casas las mujeres subían al Vijuelo, cargadas con un cesto en el que llevaban la ropa sucia y una tajuela con un almohadón para poner sus rodillas. Lavaban en el curso de la regadera en la que había dispuestas lanchas de piedra de granito, a modo de lavaderos, rehaciendo pequeñas pozas, con piedras y terrones. Dejaban enjabonada la ropa más sucia y la extendían sobre las cercas de piedra de los prados sujeta con cantos, hasta que se secaba para quitarle las manchas, luego la aclaraban y la recogían cuando ya estaba seca. Las prendas, sobre todo las sábanas, solían estar marcadas con las iniciales para no confundirlas. Durante una época se usó un lavadero del que existen todavía restos, pero no fue muy popular. Los cacharros, había costumbre en el buen tiempo, aunque había en las casas pilas de piedra, de ir a fregarlos a las regaderas que atravesaban el pueblo, con arenilla fina y estropajo de esparto se limpiaban cacerolas y sartenes.
En el pueblo existían varios hornos de pan de uso particular y también había 3 de uso público que cobraban por su uso un pan y una bolla o raya. La bolla era un pan aplastado, untado con aceite, al que se hacían unos dibujos con los dedos a modo de hoyos. Posteriormente, los panes, una vez cocidos se almacenaban en las nasas (grandes recipientes con tapa, tejidos con centeno), para que se conservaran tiernos.
Queso fresco
Se ha estado haciendo hasta hace muy poco tiempo. Últimamente se elabora con leche de vaca, pero en la antigüedad se hacía de leche de cabra u oveja. Con 3 litros ya hacían un pequeño queso. Actualmente sólo hay uno en el pueblo, pero hace 50 años casi todos los cepedanos tenían pequeños rebaños, incluso pasaban la noche en la sierra de pastores guardándolos del lobo.
Hasta los años 80 en casi todas las casas había una vaca suiza como mínimo, pastaban durante el día y a media tarde volvían cada una a su casilla para ser ordeñadas, escuchándose por el pueblo el bullicio de sus changarros y sus mugidos, sin olvidarnos de sus boñigas. Era habitual encontrarlas en grupos bebiendo en los pilones del pueblo. De ordeñarlas manualmente, los que tenían varias, habían pasado a utilizar las ordeñadoras. Pero con la entrada de España en la CEE, el excedente de leche en nuestro país hizo que poco a poco fueran desapareciendo, ya que dejaron de venir los camiones cisterna a recoger la leche, y el precio de los brick; más baratos; menos engorrosos, al no haber que cocerlos; y con mucho periodo hasta su caducidad; no hacía rentable su venta, dejó de tener salida económicamente, y empezó a cambiar nuestro paisaje.

Hace muchos años, se usaba para hacer el queso cuajo de cordero o cabrito, ahora se utiliza en polvos o líquido, comprado en farmacias o tiendas de ultramarinos especializadas. Según el cuajo que se utilice vienen en los prospectos las medidas, pero últimamente se usaba, para 5 ó 6 litros de leche, una cucharadita de cuajo. Previamente, el cuajo se disuelve en unas gotas de agua templada, para añadirse después a la leche templada en una olla (si estuviera fría, se estropearía y demasiado caliente no se podría cuajar).
Se va moviendo, y según sube el suero se va sacando (antes se bebía o se echaba a los guarros), se continúa removiendo y extrayendo el suero hasta que se puede colocar en el cincho, bien apretado, sobre la tabla de hacer el queso. Hay dos tipos de cincho, los de esparto se usaban para el queso de cabra u oveja, para el de vaca es más apropiado el de madera, con distintos agujeros para irlo apretando según va menguando, pasadas unas horas, cuando se comprenda que ya no se rompa, se le echa un puñado de sal gorda por encima y se le da la vuelta para que continúe escurriéndose, se le pone una tabla encima y sobre ella una piedra, para dejarlo más escurrido, se sala por ese otro lado y se repite el proceso de dar la vuelta y poner la tabla con la piedra encima, hasta que deje de escurrir.
Lo habitual es guardarlo en la nevera y comerlo fresco, pero cuando había muchas en las casas, se dejaban en una tabla de madera colgada en la despensa, para que se secaran, se les daba la vuelta todos los días, y una vez curados, se metían en aceite, enteros o en trozos.
Con la colaboración de Catalina Sánchez y Julita Jiménez.
La Matanza

En otros tiempos, cuando no existía la palabra colesterol, y se desgastaban muchas calorías con las faenas del campo, lo normal era que todas las familias cebasen un cerdo, o dos, para realizar la matanza; y disponer así de alimentos durante todo el año, o al menos, hasta bien entrado el otoño. En una economía de subsistencia como la cepedana, en la que no existían los alimentos manufacturados, como ahora, ni los medios de transporte actuales, la matanza constituía la base fundamental de la alimentación, junto con las patatas y la escasísima fruta y verdura que conseguían de las huertas.
El cerdo había sido cebado con esmero durante el año anterior, a base de calderos de patatas, remolachas, pulpa y también por supuesto harina de centeno, todo ello cocido a la lumbre. También se les echaban todos los desperdicios vegetales, como las cáscaras de los melones, las hojas de las lechugas, las mondas de la fruta, etc., nunca los desperdicios de la carne, como son los huesos, etc, ya que estos servían de alimento a los perros; otro manjar que les gustaba mucho a los cerdos era el suero del queso, se ponían muy blanquitos. Generalmente se engordaban en el “casillo de los guarros”, del que salían únicamente para la limpieza diaria, se les suministraba comida dos veces al día, para el almuerzo y la cena, con ese nombre. Antiguamente, existía un porquero, que tenía como oficio salir con todos los cerdos del pueblo por las callejas para que comieran ortigas y demás hierbas.
La matanza se arrancaba a hacerla alrededor de la Pura (8 de diciembre) aproximadamente, hasta el mes de febrero, no más tarde, puesto que a partir de esa fecha los días son más largos, y corría el peligro de estropearse. Casi siempre se avisaba a la familia y se juntaban todos para ayudar, también para comer y celebrarla, porque era como una fiesta familiar, en la que las mujeres llevaban la peor parte, eran las que más trabajaban y debían atender a todo el mundo, los guisos, los hijos y padres, bueno lo de siempre.
El día de matar al cerdo, se le bajaba al corral; primero un hombre le agarraba de las quijadas con un gancho para poder llevarle a la mesa, a la que se le intentaba subir, si se conseguía mejor, sino, en el suelo, se le clavaba un gran cuchillo con la hoja afilada por los dos lados; siendo buena la pericia del matarife, moría instantáneamente, porque la cuchillada le partía literalmente el corazón. No es agradable oír los gritos del cerdo, es su única defensa, ya que está atado de pies y manos, y no puede moverse mientras se desangra, cuando no estaba bien dada la cuchillada sufría mucho. La sangre se recogía en un cubito, a parte de esta se le daba vueltas para que no cuajase (solidificase), y al resto se la dejaba cuajar, para después comerla guisada.

Si quieres saber más sobre la matanza en el pueblo pincha aquí.
Por:
Rosario Prudencio.
Traje típico
En la antigüedad los cepedanos se confeccionaba sus propias vestimentas, calcetines y ropa interior, para los trajes venía un sastre de Muñotello que cosía a los hombres la chaqueta, el pantalon y el chaleco. La tradición era estrenar la ropa nueva para las fiestas, aunque fuera el único traje que se iba a utilizar el resto del año. Posteriormente, con la manufactura y el prêt a porter solía cogerse el coche de línea, a las ocho de la mañana, unos días antes de la fiesta, para volver a las cinco de la tarde con el vestuario renovado.
Las telas se compraban a los tenderos en la plaza, cambiándolas por celemines de centeno, y servían para hacer camisas o sábanas. La lana de las ovejas se mandaba a hilar a Hoyocasero para hacer prendas de punto y calcetines. Algunas mujeres también hilaban con la rueca y después torcían la lana juntando dos hebras con un huso.
En el pueblo hace muchos años también había plantaciones de lino, la planta se machacaba en los machaderos de piedra que todavía pueden verse en algunos corrales.
El reciclado que se llevaba a cabo con las prendas era completo, las telas ya estropeadas se cortaban en tiras, con las que se hacían ovillos, después se llevaban a Navalosa para hacer con ellas mantas pingas, que servían para colocarse entre el somier y el colchón atadas con cintas. Cuando las mantas ya estaban estropeadas el trozo válido todavía se empleaba para echarlo al aparejo de la caballería.
Tradicionalmente ha habido costumbre de vestirse con el traje típico para las Fiestas de San Roque, algunos años dejó de hacerse, pero actualmente la Asociación ha vuelto a recuperarlo, y un día al año salen los manteos de los baúles para recrear otros tiempos.
El traje femenino está constituido por una falda de lana denominada manteo, que va fruncida a la cintura y atada con dos cintas, normalmente el color es rojo o amarillo ocre, con adornos de picadura en fieltro negro, o bordados del mismo color; algunas también con tiras de terciopelo o jaretas en horizontal. Debajo de la falda se usan unas enaguas muy finas, de batista, adornadas con puntillas, y medias blancas de hilo, caladas hasta la rodilla.
En la parte superior se lucía un jubón muy ajustado con puntillas en el cuello y en los puños. Actualmente se utilizan en su lugar blusas. Y sobre las mismas el mantón de Manila bordado, con flecos, cruzado sobre el pecho y atado por detrás a la cintura, también se usan los pañuelos de cien colores, que provienen de la zona de Béjar, que son de lana, con dibujos de muchos colores. Para complementar la indumentaria se coloca la faltriquera, que es una pieza a modo de bolsillo que se lleva atada a la cintura sobre la falda, y por último el delantal, en color negro, que puede ser de terciopelo, con adornos de pedrería, cintas de raso, etc. En los pies, lo habitual son las zapatillas de esparto o actualmente las manoletinas negras.
De vestir la indumentaria masculina en fiestas no ha habido tanta tradición, aunque actualmente, están empezando a sorprendernos agradablemente, antiguamente estaba compuesta por varios elementos: El pantalón de paño negro, largo. La camisa amplia, de color blanco y de algodón y sin cuello, que puede llevar jaretas en la pechera. Sobre la camisa se coloca un chaleco generalmente negro. También se usaba la faja a modo de cinturón, tanto para resguardarse del frío como para guardar objetos personales.
Otro elemento muy importante era la capa, que tenía mucho vuelo y larga hasta los tobillos, era de uso obligado en ceremonias y actos oficiales.
El calzado utilizado eran las alpargatas. Las medias utilizadas por el hombre eran de lana o algodón y llegaban hasta la rodilla. Los más pudientes usaban botas de fuelle.
En cuanto a las joyas y adornos femeninos destacan los pendientes de calabaza y las arillas, casi todos provenían de la filigrana charra; los collares de oro, también los alfileres para sujetar los pañuelos, los del pelo, que solían ser de plata, y las peinetas de nácar.
El peinado femenino casi siempre consistía en un moño bajo adornado con alfileres o últimamente con cintas de colores. Aquí casi nunca se usaba la gorra de paja que últimamente se está imponiendo, es tradición más de nuestros vecinos de Navalacruz o Navalosa; tampoco se usó el sombrero barcense que sí que utilizaban en otros pueblos de esta zona. Existen también unas piezas que se ponían en el pelo en las ceremonias más destacadas que son las mantelinas, consisten en unas pequeñas capas de terciopelo adornadas con pasamanería.
Artesanía Cepedana[volver arriba]
En la actualidad estos trabajos se hacen como favores, de encargo, y es muy difícil encontrar todavía alguien que los haga, pero en las casas todavía quedan chales de punto y puntillas tejidos por las abuelas. A parte de las labores que detallamos seguidamente también se elaboraban cestos y escobas con las materias primas de los alrededores.
Gorras y Sombreros de paja
Antiguamente se hacían en el pueblo, actualmente, y por casualidad, hemos encontrado a una señora que todavía los hace artesanalmente, como curiosidad, para subastas benéficas, o para la familia, no en plan comercial.
Para realizar el sombrero, primero se corta la paja de centeno de nudo a nudo, y una vez se tiene una buena cantidad de ellas, se mojan unos minutos en agua templada en un cubo, para poder manejarlas. Posteriormente se van tejiendo las pajas con los dedos, en forma de trenzas de distintas anchuras. Una vez hechas las trenzas, se remojan de nuevo, y se machan con un martillo de madera, para conseguir que queden aplanadas.
Teniendo húmeda la trenza, se va cosiendo, dándole distintas formas.
Después se adornan, el adorno con la paja abierta se denomina lechugado, y también se adornan con cintas y figuras de paño y el final de la gorra se hace en forma de piquillo, también con la trenza.
Las gorras son femeninas y los sombreros pueden ser para ambos sexos.
Sombrerera trabajando / Sombrero femenino / Sombrero masculino
Con la colaboración de Josefa Moreno Campos
Fotografías de José Mª Moreno Perucha
Mantelerías
Se hacían en el pueblo desde hace aproximadamente unos 75 años, la técnica de Lagartera, la trajo una señora cepedana, que estuvo una temporada en Herreruela de Oropesa (Toledo), y después, enseñó a todas las jóvenes que quisieron aprenderla.
Cosían para la Sección Femenina, que mientras existió les daba trabajo, vendiendo su producción en una tienda de Ávila, posteriormente han cosido encargos particulares de gente conocida, actualmente ya no se cose para vender. Al principio las jóvenes lo que cobraban lo destinaban para ayuda de la reforma de la iglesia y posteriormente contribuyó a la economía familiar.
Solían juntarse por barrios, aprovechando el sol, el día que hacía bueno aplicaban a coser a la puerta de alguna casa al abrigo.
Hacían cuatro tipos de mantelerías, de distintos tamaños:
- Soles redondos
- Soles cuadrados
- Plasma
- Ramo de Madrid


Soles redondos / Soles cuadrados
Plasma / Ramo de Madrid
Con la colaboración de Mª Jesús Ruiz González
Fotografías de José Mª Moreno Perucha
Arraiolos
Esta artesanía portuguesa, prácticamente no ha variado desde hace 4 siglos,
los diseños son los que han ido cambiando con el tiempo aunque siguen
predominando los clásicos, algunos con motivos florales y otros geométricos, con una gran influencia árabe. Éstos fueron los que la desarrollaron en la planicie alentejana cuando fueron expulsados del reino de España, principalmente en el pueblo de Arraiolos (Portugal), de allí toman su nombre.
Se realiza con materiales nobles, yute y pura lana de varios colores, con los que se consiguen verdaderas obras de arte muy apreciadas.

Rosario Prudencio
En la actualidad, y desde hace un par de años, una vecina de Cepeda de la Mora, curiosamente de ascendencia portuguesa, se dedica a difundirla en la Feria Medieval de Ávila y a dar clases por los pueblos de la provincia, contratada por Asociaciones y Centros culturales, a aquellos grupos de personas que quieren aprender esta técnica milenaria.
Para más información pincha aquí.
Podrás encontrar muestras de los cojines, tapices y alfombras.
Juegos[volver arriba]
La vida social cepedana, condicionada por el crudo invierno, discurría dentro de las casas o en los bares. Los mozos y mozas solían reunirse en alguna casilla, y actuaban “echando las comedias”, también en los años 30 alquilaban un organillo y haciendo girar el manubrio montaban baile. En el verano el sitio de reunión fundamental eran las eras y los alrededores de las Escuelas, en eso ha cambiado poco. Ahora se juega al frontón y la gente charla tranquilamente alrededor de la partida, hasta que atardece y se esconde el sol. Es hora de irse a cenar. Los mayores pasan la tarde en las escaleras de las puertas de las Escuelas viendo pasar a la gente por la carretera.
Cuando no había tanta tecnología, en Cepeda los niños utilizaban lo que tenían más a mano para divertirse, y en los pueblos siempre ha habido más medios.

Los burros, ya en extinción, han dado mucho juego, para hacer carreras, pasear en ellos, por las noches se “iba a burros”, solían ir unos cuantos juntos y se montaban.
La nieve también ha servido lo suyo para distraer a los más peques, se jugaba “a gábia” que era una batalla con bolas de nieve, se hacian dos equipos, y al grito de ¡Gábia, gábia!, se liaban a bolazo limpio, hasta que uno de los dos se rendía cuando la cosa iba en serio; ahora que nieva menos, y las calles están más heladas, se juega a patinar, algunos niños llegan a tirar cubos de agua por alguna pendiente al anochecer, para tener a la mañana siguiente una pista más amplia e igualada.

Y ya en la pubertad, para desinhibirse a dar los primeros besos furtivos existía el juego de la cerilla, solía jugarse en las inmediaciones del Centro, los que no tenían edad para que les dejaran entrar, y consistía en pasar un fósforo encendido de mano en mano hasta que esta se apagaba, ese era el que la pochaba y entre otras pruebas, le tocaba besar a alguien o bailar con la música que salía de adentro.
También las cartas han servido a todas las edades para pasar las tardes desapacibles. Cuando el tiempo ha acompañado, se ha aprovechado también para hacer excursiones, montar en bicicleta, jugar al frontenis, a la calva, y desde hace dos o tres años también se ha empezado a jugar a la petanca.
La Brisca
A este juego hay mucha gente empicada, y de todas las edades.

Se necesitan 6 jugadores y hay 2 equipos, en cada uno de los cuales, una persona lleva la voz cantante, que es el que en realidad juega, y los demás le hacen las señas indicándole las cartas que llevan para que dirija el juego.
El as del palo que pinta: se representa arqueando las cejas.
El tres guiñando un ojo.
El rey poniendo morrito.
El caballo torciendo un lado de la boca.
La sota dejando entrever la lengua.
El siete levantando los hombros.
Por debajo del siete, los llamados guarrines, haciendo con los dedos de una mano el movimiento de las sevillanas.
Las briscas, que son el as y el tres de los otros palos distintos al que pinta, se señalan ladeando la cabeza hacia el hombro.
Lo habitual, en los bares, es que los que pierdan paguen la consumición suya y la los del otro equipo, tenemos verdaderos expertos y el asunto suele ser reñido.
Esta gimnasia, cervical y de gestos, puede verse practicándola a la gente mayor en los bares después de la comida, tomando un café, en los días de lluvia de modo generalizado, o por las noches en el Centro a los jóvenes.
El Tute
- Introducción
El tute junto con la brisca, son los dos juegos de naipes más practicados en Cepeda. El tute tiene varias modalidades y se puede jugar entre dos, tres o cuatro jugadores, que es lo habitual. Se utiliza la baraja española de 40 cartas y el juego consiste en sumar tantos y superar los conseguidos por el equipo contrario. El tute es un juego de cartas por parejas y los compañeros no podrán hacerse señas en ningún momento.
- Orden y valor de las cartas
As: 11 puntos
Tres: 10 puntos
Rey: 4 puntos
Caballo: 3 puntos
Sota: 2 puntos
Siete: Sin valor
Seis: Sin valor
Cinco: Sin valor
Cuatro: Sin valor
Dos: Sin valor
- Particularidades
La forma tradicional de jugar en Cepeda es sin pinta, es decir, sin divisa, al menos inicialmente, pues si alguno de los cuatro jugadores consigue cantar las 40, la pinta será el palo en que se cante, si no es así se jugará sin pinta.
Cada pareja tiene que conseguir más puntos que la contraria para poder ganar. Superando los 100 puntos, la partida vale dos juegos. Las cartas con valor de puntos son: As, tres, rey, caballo y sota.
- Reglas
Cuando un jugador echa una carta, el jugador de la derecha debe tirar otra del mismo palo y siempre superando el valor de la que está en la mesa. Si no puede superar el valor, podrá tirar cualquier carta de ese palo. Si un jugador no tiene ninguna carta de ese palo, tiene que fallar, es decir, tendrá que echar una carta del palo que pinte; si ya hay alguna carta del palo que pinta en la mesa, el jugador tendrá que fallar con una carta superior (todo esto suponiendo que se hayan cantado las cuarenta y exista pinta). En caso contrario se podrá echar cualquier carta.
La baza la gana el equipo con la carta más alta o la carta con fallo más alta y las recoge para contabilizar su puntuación al final del juego.
La partida por lo general suele ser a ocho juegos.
- Desarrollo
Se corta la baraja entre dos jugadores de distinto equipo, y el que saque la carta más alta comienza a repartir todas las cartas comenzando por el jugador de la derecha, siendo mano igualmente el jugador que queda a la derecha del que reparte las cartas.
Para cantar las 40, o las 20, es necesario tener el rey y el caballo del mismo palo.
Se canta tute, cuando se tienen los cuatro reyes o los cuatro caballos.
Para cantar las 40, es necesario que el jugador que las tiene haga baza, o bien que la haga su compañero, en cuyo caso es necesario que éste le mande cantar. Antes de cantar se pueden hacer las bazas que se tengan aseguradas, pues una vez perdida la mano ya no se puede cantar. Cuando se cantan las cuarenta, la pinta será del palo en que se han cantado, también puede cantar el compañero 20 en otro palo cuando se gana otra baza. Los contarios también pueden cantar cuando entran en juego, es decir, cuando hacen baza. El equipo que canta las 40 o las 20, éstas, se suman a la puntuación total de las cartas. Cuando algún equipo canta tute, éste gana dos juegos. Si ambos equipos sacan 65 puntos, quedan empatados, en cuyo caso gana la pareja que se lleve el monte, es decir, los diez puntos de la última baza, si un equipo pasa de 65 puntos, gana el juego y cuando supera los 100 puntos habrán ganado dos juegos. El equipo que antes haga 8 juegos, gana la partida.
Si alguien canta las 20 el equipo ganador tendrá que superar los 75 puntos.
Si alguien canta las 40 el equipo ganador tendrá que superar los 85 puntos.
- Estrategia
Cuando el jugador que siendo mano no tiene las 40, debe salir por un as para mandar cantar a su compañero, si el compañero tampoco canta, debe buscar las 40 y tratar de quitárselas a los jugadores del otro equipo.
Cuando un jugador no tiene que servir y puede echar cualquier carta, lo normal es descartarse de las más desfavorables, para que cuando entra en juego y haga baza, tenga más posibilidades de ganar sus manos. También puede descartarse echando las cartas más favorables para su compañero.
Otra forma de confundir a los contrarios es el achique, que consiste en echar la carta inmediatamente superior a la que esta en la mesa, en lugar de echar la mas alta. Se achica también el que teniendo un as sale por una carta mas baja con la intención de comerse el tres.
- Importante
Los mirones callan, sirven la bebida y dan tabaco.
Por:
Javier García
La Calva
Se continúa jugando a la calva.
La calva es un juego muy popular en Cepeda y en los alrededores de la zona. Se jugaba prácticamente todos los domingos y fiestas de guardar. Antiguamente a la calva sólo jugaban los hombres y los mozos; no era un juego para mujeres. Ahora afortunadamente, no solo participan, sino demuestran su gran destreza.
Para jugar a la calva se necesitan mínimo dos jugadores y un pingador. El pingador hace la misma función que hacen ahora los árbitros, es decir, que estaba siempre pendiente de la calva, porque, dependiendo de en qué parte de la calva pegase la mojona, se podía contar tanto o no.
La calva está fabricada con maderas duras, para que pueda aguantar los porrazos que recibe, y tiene forma de L. Cada lado de la ele mide unos cincuenta centímetros y el “siento” tiene que ser bien llano para que se sujete en el suelo sin ladearse para los lados. Las mojonas eran de piedra, a modo de cilindros, de unos veinte centímetros de largo por dieciocho o veinte de diámetro. Más tarde llegó un tubo metálico que se cortaba a a medida de las mojonas, y que se llama cubillo o gorrillo.
El juego consiste en dar a la calva con el gorrillo desde una distancia de unos doce metros como mínimo. Para poder contar tanto siempre hay que pegar en la madera de la calva, pero, a veces, aunque parecía que había chocado, el pingador decía que no y se entablaban bastantes discusiones, aunque de ahí no pasaba y no llegaba nunca la sangre al río.
La Navaja
- Material necesario:
Una navaja y una era o pradera.
- Preparación:
Se colocan los jugadores en corro, sentados o arrodillados.
Inicia la partida el jugador que llegue más lejos empezando por el paso primero, y así sucesivamente.
- Objetivo:
Clavar la navaja en la yerba lanzándola con diferentes partes del cuerpo, subiendo el nivel de dificultad, hasta completar los once pasos.
- Reglas:
El turno sigue el sentido de las agujas del reloj.
Pierdes el turno cuando fallas, y cuando te vuelva a tocar continúas por el paso que ibas cuando fallaste, repitiendo éste completo.
Si se juega otra partida, ésta la iniciará el perdedor de la anterior.
La tirada es "buena" si la navaja se mantiene hincada en la tierra, no en la hierba "a medios pelos" . Para determinar si es buena deben caber dos dedos horizontales a la hierba entre el extremo de la cacha de la navaja y la hierba, denominado con el término COGER; ¡coge, o no coge!.
Si la navaja se hinca y crees que no se va a mantener, puedes cogerla antes de que caiga y la tirada será "buena".
- Ganador:
Gana el juego el primero que complete los once pasos. Éste se retira y así sucesivamente hasta que solo quede uno, "el perdedor".
Fabrica la estaca e inicia la clavada de ésta.
Hará las hociqueras.
- Perdedor:
Al perdedor se le da a elegir entre tres castigos: Sacar estaca, Mazaculos y Pajameá.
Si el perdedor elige "sacar estaca" como castigo, será él quien elija el sitio donde se va a hincar ésta.
- Comienzo del Juego:
1- TRES PRIMERAS
Se lanza la navaja sujetándola por la cacha con la mano cerrada. (3 veces).
2- PALMA
Con la palma de la mano abierta, se coloca la navaja plana sobre ella haciendo coincidir la punta de la navaja con la punta de los dedos y se lanza haciéndola girar una vez en el aire. (Una vez).
3- VUELTAS
Se sujeta la navaja de la misma forma que en la palma y se lanza con el dorso de la mano. (Una vez).
4- DEDOS
Se coloca la punta de la navaja sobre la yema del dedo sujetándola vertical por el otro extremo con la yema del dedo índice y se lanza con éste dando una vuelta en el aire. Se empieza por el dedo índice. (Una vez con cada dedo).
5- MUÑECA
La navaja se coloca en el dorso de la muñeca igual que para los dedos, y se lanza la navaja dando una vuelta en el aire. (Una vez).
6- CODO
Igual que la muñeca. (Una vez vez).
7- HOMBRO
Igual que la muñeca. (Una vez).
8- FRENTE
Igual que la muñeca. (Una vez).
9- CORONILLA
Igual que la muñeca. (una vez).
10- BOCA
Se coloca la punta de la hoja de la navaja entre los labios o los dientes y se lanza dando media vuelta en el aire (una vez).
11- TRES ÚLTIMAS
Se sujeta la navaja por punta de la hoja entre los dedos índice y pulgar y se lanza dando una vuelta en el aire. (tres veces).
- Castigos:
1- Sacar estaca:
Se saca punta a un palito de un grosor un poco menor que un lápiz, que será la estaca. El largo de la estaca será de unos cinco centímetros. Ésta se clava superficialmente sobre la hierba.
Cada uno de los jugadores debe darle tres golpes a la estaca con la cacha de la navaja, sujetando ésta por la hoja.
La rueda de golpes se hará en el mismo orden en que han ganado.
El perdedor, tumbado con las manos a la espalda, deberá Hozar para sacarla.
Si la estaca está clavada muy profunda, puede pedir clemencia. Se le concederá si el resto de jugadores considera que no es posible sacar la estaca. En tal caso, el ganador le practicará las hociqueras (agujeros por encima y por debajo de la estaca), para que introduzca la nariz y la barbilla y logre sacar la estaca.
2- Mazaculos:
Cada jugador, sentado sobre las lumbares del perdedor, propina a éste tres golpes en el culo con una piedra de pico de unos 20 cm de lado.
3- Pajameá:
El perdedor deberá chupar una paja larga, que habrán meado previamente todos los jugadores que lo deseen.
“Y, aunque no lo creáis, había quien elegía la paja meá en lugar de hozar (que era lo más frecuente). La verdad es que sólo se ha visto una vez, y por supuesto que no se desvelará quien fue el perdedor en aquella ocasión...”
Por:
Miguel y Rocío
Trabalenguas - El Tío Maragato
Este es un juego autóctono que tiene sus orígenes en la leyenda del bandolero que estuvo una temporada por estos parajes. Seguramente los padres amenazarían a los niños que se portaban mal con “que viene el tío maragato”. Y pudieron contribuir a que haya perdurado en el tiempo las largas tardes de invierno desapacible encerrados en las casas y sin saber en qué entretenerse al calor de la lumbre.
Jugaban varios jóvenes, uno de ellos hacía de “Tío Maragato” y el resto se ponían nombres raros difíciles de repetir y acordarse de ellos. El Tío maragato empezaba diciendo a toda velocidad:
TM – El tío maragato mató un gato – y señalando a otro - ¿quién lo mato?.
OTRO – El tío maragato.
TM -Mientes bellaco. ¿Quién lo mató?.
OTRO – Tenía que señalar a alguno de los presentes llamándole por el nombre ficticio que se hubiera puesto, sin confundirse.
Si no había equivocaciones el juego continuaba rápidamente y el que cometía errores debía beber del porrón de vino hasta que el Tío Maragato dijera.
Trabalenguas - Un limón y medio limón
Se ponían en círculo, cada uno con un número el que empezaba decía:
- ¿Un limón y medio limón?- Y señalaba a otro.
- X limones y medio limón – Contestaba, diciendo en primer término el número que le habían puesto previamente.
....
La Taba
Solían jugar en recreo en el patio de las Escuelas participaban en un corro de rodillas, por lo general 4 jugadores/as, pero podían ser más.
Utilizaban 6 tabas sacadas de la parte delantera del “juego de la rodilla” de las ovejas, porque eran más grandes que las de cordero.
Comenzaban la partida poniendo todas las tabas bocabajo. Cogían entonces una china en la mano y según la tiraban hacia arriba cogían una taba y recogían la china de bajada, de ese modo, se iban acumulando sucesivamente todas las tabas en la misma mano, si se fallaba corría turno.
Cuando se reunían todas las tabas en la mano se lanzaban, a modo de dados, con objeto de conseguir 6 hoyos, 6 tripas, 6 lisos y 6 carneros, si en las tiradas correspondientes no lo conseguían a la primera debían tirar la china y, en el tiempo de caída, mover la taba, e irle dando la vuelta para conseguirlo, sin descuidar recoger la china al vuelo.
También se ponían castigos, como por ejemplo echar dos tabas al alto y volverlas a recoger, por lo complicado del tema eran partidas de las que no tenemos conocimiento que terminara ninguna, pero entretenían lo suyo para lo barato que era el material utilizado.
El calvo
Era muy similar a la calva, pero lo que se situaba delante era una especie de banquillo de tres patas que daba nombre al juego. Debía lanzarse el gorrillo para tirarlo.
En la actualidad también suelen divertirse jugando al calvo, pero cualquier parecido con lo que se está contando es mera coincidencia.
Gastronomía [volver arriba]
Qué ricos y diversos los platos típicos cepedanos... Aquí algunos de ellos:
1. Patatas revolconas
Patatas
Pimentón matancero
Torreznos
Laurel
Ajo
Sal
Se ponen a cocer las patatas en trozos grandes con sal, ajo y laurel. Se fríen los torreznos y en su misma grasa, a fuego muy bajo, para que no se queme, se incorpora el pimentón, se remueve y se añade un ajo machado en el mortero con un poco de agua del caldo de las patatas.
Bien escurridas las patatas, una vez cocidas, se mezclan con el refrito y se machacan con una cuchara de palo, formando una pasta.
Se suelen acompañar con torreznos típicos de cuatro caras.
2. Roscón de Cepeda
1 docena de huevos
30 grs. De harina por huevo
30 grs. De azúcar por huevo
Ralladura de 1 limón
1 cucharada pequeña de levadura

Se baten las claras a punto de nieve. Después, se incorpora el azúcar y se continúa batiendo. Posteriormente, se van agregando las yemas sin dejar de batir, y por último, se echa la harina poco a poco y se mezcla todo bien.
La ralladura de limón y la levadura se pueden añadir opcionalmente.
Se unta un molde, de los de roscón, con aceite o mantequilla y se introduce en el horno, previamente precalentado, de 35 a 40 minutos a 190º.
Se adorna, recién sacado, con harina tamizada revuelta con azúcar o con azúcar glass.
3. Sopas Canas
Se ponía la leche a cocer en un puchero de barro sobre la lumbre.
Mientras en una sartén se añadía un poquito de aceite con un ajo machado, una chispa de pimentón, con el fuego muy bajo para que no se quemara.
Se añadía la leche a la mezcla.
En una cazuela se cortaban rajas de pan y se les echaba por encima el preparado.
4. Cocido de Segadores
Lo que diferencia, del resto de la península, a este cocido cepedano, es el sabor de estar elaborado con piezas curadas de la matanza, como huesos, tocino, pies, oreja, chorizo, morcilla… y el típico relleno hecho a modo de tortilla añadiendo al huevo batido miga de pan, trocitos de jamón, ajo picado menudito y un poquito de perejil
5. Puches
6 picatostes
1 litro de leche
4 cucharadas de harina
6-8 cucharadas de azúcar
Era costumbre hacerlas el día que se acababan de sacar las patatas, por la noche, a modo de extraordinario. El tamaño de la sartén y las cantidades empleadas dependían de la cantidad de familia que se juntaba, algunas podían llegar a ser del tamaño de una mesa.
Generalmente solían hacerse con leche, aunque había también quien las hacía solo con agua.
Se ponían los picatostes de pan, como de 2 cm. a freir, reservandolos a parte.
Se echaba la harina en un cazo y un poco de agua, para irla disolviendo, a modo de pasta, sin que se hicieran grumos.
Mientras, en la sartén se ponía la leche a hervir, y cuando estaba lo suficientemente caliente se empezaba a incorporar la mezcla despacio, moviendo de continuo con una cuchara de palo, hasta que quedara cocida. A un tiempo, se iba incorporando el azúcar generosamente, para que quedaran bien dulces y antes de retirarlo se añadían los
6. Sopa Cachuela
100 grs. de hígado de cerdo
1 litro de agua
Torreznos de ántima
Ajo
Pimentón
Sal y comino
Se hacía uno de los días de la matanza, con el hígado del cerdo.
Se fríen unos torreznos de ántima y se reservan.
Se ponen unos trocitos de hígado a asar en el carbón de la lumbre, cuando están, se raspan, se machacan en un mortero y se ponen a cocer con un vaso de agua.
En la sartén con la grasilla de los torreznos se refríe ajo machado con pimentón y se añade el resto del agua, hasta completar un litro, cominos y sal al gusto, dejándolo que cueza.
Opcionalmente se le puede añadir trocitos de pimiento verde, tomate o 1 huevo crudo revuelto con la cuchara.
En una cazuela de barro se echan rebanadas finas de pan y por encima el caldo, una vez caladas se echaba por encima el hígado cocido a parte.
La costumbre era comerlas en la misma cazuela.
7. Ensalada de Buruja

La buruja, también denominada en otros lugares como regajo o pamplina, se recoge en el nacimiento de las fuentes en primavera, antes de que se espigue y eche la flor, con unas tijeras, intentando no perjudicar la raiz y no cortar otras hierbas distintas, para facilitar luego limpiarla.
Los ingredientes habituales son:
Pamplina, ajo machado, aceite de oliva, vinagre y sal.
A los que pueden añadirse otros al gusto del comensal, como aceitunas, tomate, etc.
Vocabulario típico de la zona: Cepecionario [volver arriba]
* Con asterisco, las palabras nuevas o las que se han incorporado fotografía recientemente.
A
Abangar: Torcer una cosa. Encorvar un hierro o madera.
Abotargado: Hinchado.
Abulaga: Planta de tamaño pequeño y muy espinosa, sus hojas terminan en púas, se cría en los prados y dehesas, cuando los brotes son tiernos se los come el ganado, pero cuando se siegan y se secan pinchan. Aulaga
Acarrarse: Dícese de las ovejas cuando en el verano se colocan una tras otra con la cabeza agachada para protegerse del calor.
*Acarrear: Llevar en el carro las gavillas de centeno o la leña.
Acibere: Cachivache. Algo insignificante, de poca importancia que no tiene una definición determinada.
Acordonar: Cuando se recogía el heno manualmente, después de segado se iba poniendo en filas (o cordones) con un rastrillo, para proceder después a amontonarlo.
Adán o adanazo: Hombre bastante desastre.
*Agostero: Jornalero contratado para la temporada de verano y realizar tareas relacionadas con la recolección.
Aguachinar: Echar agua al vino para obtener mas rendimiento.
Aguaderas: Aparejo que se ponía a los burros para acarrear agua, tenia cuatro cavidades, dos a cada lado donde se colocaban los cantaros
Aguiluche: Águila pequeña.
Aguinaldo: Propina que se da en navidad, que consistía en dulces y productos de matanza.
Aijada o Aijá: Palo terminado en pincho de clavo usado para dirigir la yunta. La palabra viene de aguijada.
Ajustar: Concertar el precio de algo. Por ejemplo la venta de ganado, que una vez ajustado el precio de una res entre vendedor y tratante, un simple apretón de manos, tiene el mismo valor que un contrato.
Alacena: Mueble que se utilizaba para guardar la comida cuando no había neveras la reservaba de las moscas.
Albarca: Calzado hecho manualmente con la cubierta de las ruedas de los coches y cordones de cuero para fijar a los pies.
Albarda: Aparejo que se ponía a los burros.
Alboroque: (drae) Agasajo que hacen el comprador, el vendedor o ambos a quienes intervienen en la venta. Son los mediadores que intervienen el la venta de algún animal y consiguen que el trato se cierre generalmente partiendo la diferencia y posteriormente son invitados en agradecimiento a su intervención.
Alguacil: Oficio ya desaparecido, de una persona que recorría el pueblo con una trompetilla anunciando los acontecimientos.
Aliños: Cosas en desorden.
Almorzar: Comer algo antes de la comida, a media mañana.
Alpaca: Paca de heno compactado, actualmente es tradicional por la zona en forma de cubo alargado.
*Alternar: Visitar los bares del pueblo.
Alzar: Primera labor que se hace a la tierra con el arado. Levantar la tierra para enterrar el rastrojo.
*Amagar: Amenazar con la mano.
Ameal: Pajar al descubierto, con un palo largo en el centro alrededor del cual se va apretando el heno, para conservarlo todo el año. Ha derivado de la palabra “almiar”.
Amealera: Vallado en el que se mete la ameal para ir echando poco a poco al ganado el heno
Amularse: Enfadarse.
Amohinarse: Enfadarse haciendo mohines.
Amonarse: Enfadarse.
Amorugarse: Enfadarse.
Andancio: (drae) Enfermedad epidémica leve (Suele suceder en el verano a personas que no están acostumbradas a beber agua no depurada).
Andurriales: Caminos o sendas poco frecuentadas y difíciles de transitar.
Ántima: Tocino de cerdo entrevelado, con el que se hacen torreznos en la matanza.
Apear: Bajar (no apearse del burro: ser un cabezón).
Apezar: En la temporada de trilla, cuando se suponía que iba a llover, se juntaba la parva haciendo varios montones longitudinales en forma de peces para evitar que la mies se mojara.
Apuntar maneras: Tener habilidad para hacer algo.
Arramplar: Llevarse consigo todo cuanto pilla.
Arrebañar: Pringar todo lo que ha quedado en el plato.
Arrecirse: Helarse de frío.
Arrejuntarse: Vivir juntos sin estar casados.
*Arrendar: Hacer burla, imitando a alguien con sorna.
Arrenguillar: Vencimiento de una persona debido al mucho peso que soporta.
Arrescuñar: Arcaísmo, sinónimo de arañar.
Arriero: Vendedor ambulante que venía al pueblo montado en una mula.
Arroba: Medida equivalente a 11,5 kg. de peso y 16 lítros de líquido.
Arropar el brasero: Cubrir las ascuas del brasero con una capa de ceniza, con el objeto de mantener por más tiempo su calor a la vez que suavizar la alta temperatura inicial del mismo.
Artesa: Cajón cuadrilongo, por lo común de madera, que por sus cuatro lados va angostando hacia el fondo. Sirve para amasar el pan y para otros usos. Adobar los productos del cerdo y lavar la ropa. Existen artesas fabricadas de tablas y otras de un árbol con el interior vaciado.
Asadura: Hígado y bofes de los animales.
Asas, As: Onomatopeya usada para llamar la atención de las gallinas, expulsarlas del corral.
Aspearse: Maltrato que se da a los pies por haber caminado mucho. Se dice de los animales, vacas y caballerías cuando pierden las herraduras y se lastiman las pezuñas. En el caso de las vacas, el potro era usado para poner las herraduras.
Asperón: Piedra de grano fino y uniforme que se usa para afilar los cuchillos y navajas.
Astil: Mango de madera para herramientas como: hachas, azadas, picos, palas, etc.
Atizar: Avivar la lumbre.
Atrochar: Ir campo a través para acortar el camino.
*Aventar: Separar el grano de la paja, con la ayuda de una horca y el viento. Modo tradicional.
*Aventadora: Máquina ya en desuso, que provista de cribas, servia a ese mismo fin.
Aviarse: Arreglarse, acicalarse.
*Avileña: Raza de las vacas autóctonas del pueblo, aunque últimamente se han introducido otras como las Charolesas.
Azuela: Herramienta similar a la azada pero de dimensiones mucho más pequeñas, consta de un trozo de hierro afilado y un mago corto y recto. Existe otro tipo de azuela propia de carpinteros y con otras características.
B
Badil: Cogedor para recoger lo barrido.
Badila: Cogedor pequeño y casi plano, que servía para recoger la ceniza del brasero o escarbarlo.
Balear: Separar el grano de la paja.
Baraño: (drae) Fila de heno recién guadañado y tendido en tierra.
Barbijo: Cuerda atada en torno a la boca de las bestias para retener su marcha.
Bardera: Árbol de sombra de ribera, que suele haber el los prados, pertenece al género salix (sauces).
Barruntar: Prever algo.
Berretes: Suciedad junto a la boca.
Bieldo: Instrumento de madera hecho para balear.
Birujis: Frió intenso.
Binar: Arar por segunda vez las tierras de labor.
Boche: Onomatopeya usada para llamar la atención del ganado asnal o caballar
Bocín: Ventana en las casillas por la que se introduce el heno en la parte de arriba.
Bofe: (drae) Pulmón de los animales que se destina a consumo.
*Boina: Gorra, usada tradicionalmente por los hombres del pueblo para cubrirse la cabeza.
Borrajo: Restos y despojos de la leña.
Bosforina: Ventisca de nieve.
Bozal: Aparato construido generalmente de esparto o alambre en forma de esportilla que se pone en torno a la boca de los animales de labor y carga para que no puedan comer.
Bramante: Cuerda fina de mucha resistencia que se usaba para coser los aperos de cuero, también usado por los zapateros para coser los calzados, en este caso se le aplicaba pez para endurecer y dar consistencia.
Brasero: Ascuas de la lumbre que se recogen en un recipiente de metal para calentarse debajo de la mesa camilla.
Buche: Cría de la burra.
Bufar: Resoplar con enfado.
Buruja: También llamada en otros lugares pamplina o regajo es una hierba típica, que crece en primavera en el nacimiento de las fuentes y regatos de poco caudal, se usa en ensalada.
Butago: Tipo de chorizo de mala calidad, hecho con tripas y otras partes inferiores del cerdo.
C
Cabezada: Pequeña siesta en el escaño.
Cabrillas: Manchas rojizas circulares, que salían a las mujeres en las piernas cuando se arrimaban en exceso a la lumbre o brasero en invierno..
Cachar: Machacar los frutos secos.
Cachaza: Tranquilidad.
Cagarruta: Deposición de las ovejas y cabras en forma de bolitas.
Cagueta o Caguina: Cobarde o miedoso.
Cagurria: Excremento de ovejas, cabras y conejos.
Calbote: Fiesta nocturna a las afueras del pueblo que consiste en asar castañas alrededor de una buena lumbre.
Caldero: Instrumento para calentar agua u otros alimentos.
*Calleja: Calle estrecha, dentro del pueblo, entre praos o huertos.
Callo: Herradura dividida en dos mitades que se usaba para calzar a las vacas de la yunta.
Calostros: Leche que da la vaca recién parida y que al ser más espesa de lo habitual se utiliza para hacer repostería frita.
Caminero: Profesional que tenía su casa en mitad de la carretera y se dedicaba a mantenerla arreglada.
Camposanto: Cementerio.
Canchal: Piedra de granito de grandes dimensiones.
Candil: Servía en otra época para alumbrarse.
Candurrás: Habladurías, "cuentos".
Cántara: Medida de capacidad para líquidos que equivale aproximadamente a 16,13 litros; "media cántara de vino"
Cántaro: Recipiente de barro que servía para llevar a las casas el agua de la fuente.
Cantero: Trozo de pan.
Cantazo: Pedrada.
Cantero: Primer trozo de pan cortado.
Canto: Piedra.
Cañadas: Vía pecuaria, camino natural de paso del ganado trashumante..
Cañizar: Después de la trilla, tarea de recoger el montón con un tronco, o cañizo, al que se subían los trilladores.
Cañizo: Palo que se enganchaba al trillo, o tronco para cañizar. .
Capacho: Bolsa de esparto con asa a cada lado.
Carámbano: Pedazo de hielo de forma alargada y puntiaguda que cuelga de los tejados. Cuando la temperatura a la sombra es bajo cero y en los tejados el sol esta derritiendo la nieve, el agua que cae por las canales hacia la parte umbría, se va congelando y formando carámbanos de distintos tamaños, que en ocasiones son superiores a un metro de longitud. También se llamaban caramelos.
Caraza: As de oros.
Carlanca: Collar ancho fabricado en cuero y rodeado de puntas de hierro, que servía a los mastines para defenderse en los ataques de los lobos al ganado.
Carraca: Instrumento rectangular de madera, en uno de sus extremos tiene un eje cilíndrico dentado que al girar y hacer presión sobre la lengüeta de forma consecutiva produce un ruido seco. Se usaba en Semana Santa para sustituir el sonido de las campanas y eran los monaguillos los que recorrían el pueblo haciendo sonar las carracas para anunciar los horarios de los oficios.
**Carretón: Más bajo que el carro, con las ruedas más pequeñas, que se utilizaba para el transporte de las piedras para la construcción.
Cascarrias: Salpicaduras que hacen las vacas al mover el rabo y esparcir las boñigas cuando están defecando. También pegotes de boñiga duros que se quedan adheridos al rabo y partes traseras de las vacas sobre todo en la temporada de invierno, cuando duermen en las cuadras o cobertizos y se tumban sobre sus propias boñigas.
Casilla: Establo, antiguamente, de piedra granítica en el que los lugareños
guardan las vacas en invierno.
Casillo: Cobertizo mas pequeño que la casilla, que se usaba habitualmente para criar y cebar los cerdos y estaba próximo a la vivienda familiar.
*Cayada: Bastón.
Cebón: Cerdo suficientemente gordo y listo para la matanza.
Cedazo:Instrumento para cernir o cribar la harina para hacer el pan.
Celemín: Cajón de madera, que sirve de medida, y tiene forma de dado. Es la doceava parte de una fanega. 4.6 litros para sembrar 537m².
Cepeda:
Lugar en que abundan arbustos y matas de cuyas cepas se hace carbón.
*Cepo: Instrumento metálico rectangular y estrecho donde se introduce el ganado vacuno para inmovilizarle y de este modo realizar las funciones de vacunar, marcar, etc.
Cernero: Criba para la harina.
Cerril: Cabezón, salvaje.
Cingarse: Tumbarse a la bartola.
Chacho: Muchacho, se utiliza como interjección Ej:Chacho, estoy arrecido.
Chamarra: Prenda de abrigo.
Champlazo: Chaparrón muy fuerte.
Changarro: Cencerro.
Chas: Onomatopeya para llamar la atención de los gatos y ahuyentarlos.
Chasca: Sinónimo de lumbre, fuego, fogata.
Chascarrillo: Cuento, cotilleo.
Chato: Vaso de vino.
Chicharrones: Entresijo de la manteca frito.
Chicho: Carne.
Chico/a: Pequeño/a.
Chingar: Sinónimo de beber vino o licores, también emborracharse.
Chirulato: Chiflado, ido.
Chisquero: Mechero que consta de: una rueda con estrías, una piedra que desprende chispas, un muelle para hacer presión sobre la piedra y una mecha de fácil combustión. Algunos también llevaban un tapón para ahogar el fuego. Se enciende golpeando con la mano sobre la rueda y proyectando las chispas sobre la mecha.
Choto: Cría macho de vaca. Ternero. (Carne de choto)
Chucho: Perro, en tono despectivo.
Churra: Variedad de oveja con lana espesa y larga.
Clueca: (drae) Se dice de la gallina cuando se hecha sobre los huevos para empollarlos.
Cobra: Recipiente de hierro con 3 patas y tapa que servía para cocer a la lumbre.
Cogerse: Efecto de quedarse fecundado un animal hembra.
Comalia: Se dice de los animales, y se aplica principalmente al ganado lanar y vacuno cuando están muy delgados y que a pesar de las atenciones que se les presta tanto en alimentación como en medicinas, son irrecuperables y dan la sensación de estar permanente enfermos.
Comercio: Antiguamente, tienda de ultramarinos.
Confitero: Se dice de la persona que instala un puesto en la plaza y vende todo tipo de dulces y confituras.
Convite: Invitación.
Cordel: Vía pecuaria por la que se traslada el ganado vacuno.
Corva o corvejón: Parte posterior de la pierna, opuesta a la rodilla.
Coscurro: Pedazo de pan, mendrugo.
*Coyundas: Correajes largos de cuero fuerte que se utilizaban para amarrar las vacas al yugo del carro.
Cribar: Limpiar el grano.
Criba: Instrumentos de madera y rejilla metálica, compuesto por un aro o un marco al cual está asegurado un cuero o un tejido agujereado o una teal metálica fina con el fin de limpiar el grano, garbanzos, separar la arena más fina, etc.
Cuajaron: Coagulo de sangre que se encuentra en el cerdo cuando se testaza.
Cuartilla: Cajón de madera que sirve de medida, equivale a 3 celemines.
Culebrón: Enfermedad dolorosa que no tiene diagnostico.
D
Dedil: Funda de cuero que se usaba para proteger el dedo índice durante la siega.
Dediles: Protecciones de cuero fuerte que se usaban durante la siega para proteger los dedos y evitar cortarse con la hoz.
*Dehesa: Extensión grande de terreno, que puede ser de varios propietarios y en el que pastan las vacas según costumbres centenarias.
Derrama: Esparcimiento de la simiente de la mies.
Desmoñigar: Acción de romper o deshacer las moñigas, esta actividad se realiza a principios de primavera, cuando las moñigas están húmedas y se pueden deshacer fácilmente de modo que queden esparcidas por los prados con el fin de que puedan servir de abono.
Despotricar: Hablar mal de alguien. Desfasar.
Destazar: En la matanza, seccionar las distintas partes de las que se compone el cerdo.
Desván: (drae) Parte más alta de la casa, inmediatamente debajo del tejado, que suele estinarse a guardar objetos inútiles o en desuso.
Doblao: Abuhardillado de las casas antiguas.
E
Echar encuarta: Era doblar la yunta de vacas, cuando el carro estaba muy cargado o el camino era muy cuesta arriba.
Echarpe: Toquilla.
Empicarse: Enviciarse.
Endilgar: Dejar preparada y encaminada una cosa.
Enfurruñarse: Enfadarse.
Enhuerar: Empollar.
Enmendar la plana: Corregir.
Enreda: Persona que no puede estarse quieta.
Ensubiar: Atar el yugo a la pértiga del carro.
*Era: Superficie sobre la que se disponían las parvas de la trilla.
Escaño: Banco grande, de varias plazas, de madera, con respaldo, que antiguamente se localizaba en las cocinas de todas las casas cepedanas.
*Escaramujo: Arbusto silvestre, que pertenece al género de la rosa y que da frutos del mismo nombre, de color rojo y en forma de bellota.
Escarbar: Remover. “escarbar el brasero” es el acto por el cual se remueve el brasero para quitar la capa superficial de ceniza y hacer emerger las ascuas del interior, también “escarban las gallinas en el muladar buscando comida”.
Escardar: Quitar las malas hierbas del trigo, o de otros sembrados, con una azadilla.
Escoba: Planta gramínea, que se recogía en la zona de la Cuesta, la Cerrá la Lumbre y la Caseta de los Camineros, de color dorado, parecida al centeno, pero más frágil. El modo de hacer la escoba era metiéndola en un cubo con agua para después atarla y poder barrer con ella..
Escriño: Recipiente de paja en el que se cogía el grano para echárselo a los animales.
Escuchimizado: Raquítico.
Escuela: Antiguo colegio del pueblo.
Esmoñigar: Deshacer las moñigas de vaca en los prados.
Esportillado: Desconchado.
Esquila: Cencerro de la vaca guía.
Esquilar: Cortar la lana a las ovejas procurando conservar integro el vellón, esta operación e realiza en primavera, con el fin de liberar del abrigo a las ovejas y evitar que pasen calor.
*Estaca: Palo grueso y alto que se introduce en unos agujeros hechos en el lateral del carro de bueyes para poder sujetar y acondicionar la carga. Dependiendo de su uso, pueden ser de distintas alturas y grosores. Los que son más fuertes y gruesos se llaman estacones.
Estampanar: Tirar con violencia un objeto contra una superficie dura o contra el suelo con intención de romperlo.
Estera: Alfombra de esparto.
Estercolar: Llevar la basura de los muladares a los prados.
Extraperlo: Durante el racionamiento de después de la guerra, era el comercio de comida al margen de la ley.
Extraviar: Perder.
F
Faldriquera: Bolsa de paño en la que las mujeres llevaban el dinero.
*Fanega: “Media fanega” es un cajón de madera con el que se medía el grano, equivalente a 6 celemines, una vez lleno se pasaba el rasero, para sacar la medida exacta, de ahí el dicho: “hay que medir a todo el mundo por el mismo rasero”. (drae) Medida de capacidad para áridos que, según el marco de Castilla, tiene 12 celemines y equivale a 55,5 l, pero es muy variable según las diversas regiones de España. Porción de granos, legumbres, semillas y cosas semejantes que cabe en esa medida. Espacio de tierra en que se puede sembrar una fanega de trigo. Medida agraria que, según el marco de Castilla, contiene 576 estadales cuadrados y equivale a 64,596 áreas. Esta cifra varía según las regiones.
Fogón: Lumbre de la cocina.
Fréjoles: Judías verdes.
Fresquera: Armario protegido con tela metálica destinado a mantener frescos los alimentos en la despensa.
*Función, la: Antiguamente se decía cuando llegaban las fiestas de San Roque. Ahora se ha ampliado su significado a cualquier acontecimiento que haya en el pueblo de cualquier tipo.
G
Gallinaza: (drae) Excremento o estiércol de las gallinas.
*Galbana: Pereza, desidia o poca gana de hacer algo.
*Gamonitas: Flores bulbosas autóctonas. Su nombre técnico es Narciso de Roca o Narcissus rupícola, florece al comienzo de la primavera.
Gamusinos: Animales de la mitología popular.
Gario: Instrumento agrícola de madera, similar a una horca, con 4 o 5 púas, y forma rectangular, con terminación en arco, que servía para recoger la paja de la era.
Gatera: Orificio que se dejaba en las puertas para que entrara y saliera el gato.
Gavilla: Conjunto de mieses segadas, mas grande que un manojo y mas pequeño que un haz; varias gavillas atadas juntas forman un haz.
Geriondo: Nombre con el que se denomina en Cepeda a un arbusto que crece en los huecos de las rocas y peñascos, que crece especialmente en la zona norte del pueblo, sus flores son blancas y da su fruto a finales de agosto, en forma de racimo de bolas rojas de un diametro de 5/6 mm. Su nombre técnico es Serval de Cazadores o Sorbus aucuparia.
*Gradas: Es el nombre que recibén las escaleras de la Iglesia.
Granzas: Desperdicios resultantes de separar el grano de la paja, compuestos principalmente por los nudos de la mies y espigas mal trilladas.
*Granzones: Nudos de paja y espigas de mies mal trilladas
Gua: Hoyo que hacen los muchachos en el suelo para jugar tirando en él bolas pequeñas o canicas. También se llama así al propio juego que consiste en introducir una bola o canica en dicho agujero.
*Guarros: Cerdos.
Guadaña:
Instrumento para segar con un mango largo, que permite permanecer erguido.
*Gutería: Golosina.
Guto/a: Goloso (dícese de las vacas que se saltan de cerca para comer lo del prado vecino).
H
Hacina: Montón que se hacía con las gavillas de trigo o centeno antes de extender la parva en la era.
Halda: Cavidad formada al levantar el delantal con las manos, utilizado por las mujeres para transportar cosas pequeñas
Harnero: Criba de agujeros, que consistía en una aro de madera y una base de cuero llena de agujeros, se utilizaba principalmente para cribar el centeno. Los restos que quedan en la criba se denominan granzas. El harnero tiene más profundidad y es menos ancho que la criba.
Hastial: Lugar soleado al abrigo del viento.
*Heno: Hierba, que se siega, y una vez seca, se almacena para que sirva de alimento al ganado en el invierno. Alimentación tradicional de las vacas de Cepeda.
*Herrador: Oficio ya desaparecido que consistía fundamentalmente en calzar a las yuntas, muy utilizadas el trabajo del campo, y también se herraban los caballos, usados como transporte habitual.
Hojalatero: Persona ambulante que se dedicaba a la reparación y venta de utensilios domésticos, tales como calderos, sartenes, pucheros, faroles, etc.
Horca: Instrumento para recoger el heno, o quitar las boñigas, es un palo terminado en dos o más puntas de madera o metal.
Horra: D ícese de las vacas no paridas.
Huebra: Extensión de tierra que se ara en un día. Una jornada de trabajo en el campo.
Huero: (drae) El huevo que, por no estar fecundado por el macho, no produce cría, aunque se echa a la hembra clueca. El que por enfriamiento o por otra causa se pierde en la incubación.
J
Jalbegar: Dar de blanco las casas por dentro, solía hacerse una vez al año.
Jalbiegue: Jalbegue. Blanqueo de las paredes y techos con cal. Pasta hecha con cal para blanquear. Se aplicaba sobre las paredes de adobe con un pellejo de oveja cuando comenzaba el buen tiempo y se hacia limpieza en la vivienda, si la lechada no se daba con habilidad, se decía que “se notan mucho la pellejos”.
Jofaina: Jarra en la que se contenía el agua para llenar la palancana.
Jopo: Cola o rabo del zorro.
Judías del peo gordo: Judías blancas secas.
Juez de Paz: Juez que hasta la institución de los municipales, en 1870, oía a las partes antes de consentir que litigasen, procurando reconciliarlas, y resolvía de plano las cuestiones de ínfima cuantía. También, cuando era letrado, solía suplir al juez de primera instancia.
Jupa: Cansancio, paliza, artura.
K
*Katiuscas: Botas de goma usadas para no mojarse los pies.
L
Lamparilla: Luz de culto que se ponía sobre un recipiente con agua y aceite.
Lamparón: Mancha en la ropa.
Lanchas: Piedras de granito labradas que sirven de suelo en la planta baja a las viviendas.
Lavija: Pieza metálica y cilíndrica que se introduce en los lavijeros del timón del arado y sirve par fijar este al yugo y al mismo tiempo graduar la longitud.
Leguis: (drae) Polainas de cuero de una sola pieza.
*Limonada:
bebida típica de las fiestas cepedanas elaborada con vino,
fruta y refrescos.
Llares: Cadena de hierro que cuelga de la chimenea, en la que se engancha el caldero.
*Lucero: Electricista.
M
*Machadero: Asiento de piedra de granito habitual a la puerta de las casas.
Machar: Machacar.
*Manea: Cadena con que se ata a los burros y caballos en las patas delanteras para que no se vayan lejos.
Machar: Machacar.
Machorra: Hembra que no tiene descendencia o mujer que no tiene descendencia.
Maestro/a: Profesor, actualmente no hay ya en el pueblo.
Majada: Lugar donde se recoge el ganado de pastoreo durante la noche.
Mancera: Pieza curvada de madera colocada en la parte trasera del arado, sobre la cual lleva la mano el labrador para dirigir el arado.
*Mandil: Delantal
Manea: Cadena con que se ata a los burros y caballos en las patas delanteras para que no se vayan lejos.
Manija: Instrumento que protegía dos o tres dedos al segador.
*Manteo: Falda serrana de lana o paño, normalmente en amarillo o rojo, con dos aberturas a los lados, que forma parte del traje típico.
Mantelina: Prenda ceremonial femenina con que la mujer cubría la cabeza, en señal de respeto a la hora de ir a la iglesia . Las de diario eran sencillas, realizadas en paño fino o en algodón sin ningún adorno y las de fiestas se confeccionaban en seda, tul o terciopelo, con decoración bordada, cintas de pasamanería con azabaches, o puntillas.
*Mantilla: Prenda que se ponían las mujeres para cubrir la cabeza/ también se denominaba así a la prenda con la que se envolvían los bebés.
Mantón: Prenda triangular con flecos que se echaba sobre los hombros para ir a misa.
Maquis: Personas que en la posguerra vivían huidos en el monte y bajaban a los pueblos a aprovisionarse.
Marza: Ristra de longaniza.
Mascar: Masticar.
Mazaculos: Golpes con una piedra de pico de mediano tamaño (de unos 20 cm de lado) aplicados en el trasero del perdedor del popular juego de “la navaja”.
Mecaguendiez: Expresión que se utiliza para mostrar enfado o cabreo y sustituye a otra de significado más fuerte. También se utiliza Mecaguenla.
Media Fanega: Cajón de madera para medir el grano.
Medianil: Pared que separa dos viviendas o dos propiedades contiguas.
*Melopea: Borrachera.
Mendrugo: Trozo de pan duro.
Menear: Mover.
Miaja o mieja: Poco.
Miajinina o miejinina: Menos aún.
Michi: Forma cariñosa de llamar a los gatos.
Modorra: (drae) Aturdimiento patológico del ganado lanar, producido por los cisticercos de los cenuros que se alojan en el cerebro y que pueden alcanzar gran tamaño.
Modorro: Bobo, tonto.
Mojón: Linde.
Mona: Madero sobre el que se corta la leña; Borrachera.
Monaguillo: Niño que asiste al cura en la misa.
Mondaja: Peladura. Cocían las mondajas de las patatas como alimento para los guarros.
Mondar: Pelar.
Moñiga: boñiga o caca.
Moñigo: Cada una de las partes del excremento del ganado caballar. Boñigo.
Morcilla Gorda: Chorizo hecho con la carne más grasa y peor de la matanza.
Moraga: Trozo de carne a la brasa para probar el cerdo.
Morillo: Sujeción para el puchero de barro en la lumbre, con forma de media luna y un agarradero.
Morillones: Caballetes de hierro, que de 2 en 2 sujetaban la leña que se quemaba en la lumbre.
Morral: Bolso en el que se llevaba la merienda.
Morucha: (drae) Toro de media casta brava.
Mostrenco: Bestia.
*Mozos/as: Jóvenes y no tan jóvenes, solteros del pueblo, también se dice “mozón”.
Muchachín: Niño pequeño.
*Muladar: Montón que se hacía con las basuras orgánicas de casas y casillas.
N
Narria: Madero en forma de V, que sirve para arrastrar piedra.
*Nasa: Recipiente en el que se almacenaba el cereal del ganado. También sirve para guardar los panes después de horneados para conservarlos
Nidal: Lugar donde ponen los huevos las gallinas.
O
Oletero: Persona dedicada a la investigación profunda de vidas ajenas con el fin de saborear y compartir el fruto de sus investigaciones con sus congéneres.
Orejeras: Dos palos que forman parte del arado y están situados a cada lado del dental y sirven para abrir el surco y voltear la tierra.
P
Pachanga: Música de poca calidad.
Pajar: Doble techo fabricado muy rústicamente en las cuadras o casillas que servia para almacenar la paja una vez trillada.
Palangana: Estaba situada en los dormitorios y servía para lavarse cuando no había agua en las casas.
Papalina: Borrachera.
Parientes: Familiares lejanos.
*Parva: Era el modo circular en el que se extendía el trigo o el centeno para proceder a la trilla (habitualmente desaparecida), a medida que se iba trillando, se daba vueltas para que se machacara por igual.
*Pasodoble: Baile habitual en las fiestas de la zona.
Pedernal: Piedra que se usaba, por su dureza, para poner en el trillo.
Pedo de lobo: Especie de seta seca y llena de aire.
Pelerina: Tipo mañanita de lana que usaban las abuelas sobre los hombros.
Pelliza: Prenda de abrigo de los hombres.
Pero: Manzana, en el pueblo la mayoría de árboles son reineta y verdedoncella.
Perol: Olla.
Petaca: Estuche de cuero que sirve. para llevar el tabaco picado.
Petar: Apetecer. "Lo haré si me peta"
Pielero: Oficio que consistía en la compra de pieles.
*Pilón: Recoge el agua de la fuente y sirve para dar de beber a los animales.
*Pimplar: Beber.
*Piorno: Arbusto con distintas ramas, que coge una tonalidad amarilla al final de la primavera, forma parte del paisaje y era utilizado por la gente del pueblo para calentarse en invierno.
Pipos: Judías pintas.
Piripi: “Estar piripi” es estar borracho.
*Pirompa: “Ser de la pirompa” es ser un hombre afeminado.
Pitas: llamada para las gallinas.
Pocillo: Abrevadero de pequeñas dimensiones hecho en la tierra, solían recoger el agua de las zanjas y de los humedales. Anteriormente permanecían con agua durante todo el año, pero cuando se hicieron las zanjas para canalizar el agua corriente y se asfaltaron las calles desaparecieron.
Polainas: Prenda que usaban los hombres para preservarse del frío, de cuero, cubría del tobillo a la rodilla y se sujetaba con hebillas.
Portera: Puerta, habitualmente hecha con palos y alambre, para cerrar las cercas.
Porterillo: Puerta pequeña, de acceso a los corrales de las casas.
Portillo: Puerta pequeña, abierta en las paredes de los huertos o prados.
Portón: Puerta grande de acceso al corral, con tejadillo.
Postilla: Costra que se forma en la pile al secarse la herida
Potro: Lugar en el que se ataban las vacas, izándolas para poder ponerles las herraduras.
Pozas: Charcas naturales de agua retenida.
Puchero: Recipiente de barro o metal esmaltado en el que se cocía la comida.
Puches: (drae) Harina cocida con agua y sal. Papilla hecha con harina y azúcar
Pujavante: Herramienta del herrador para hacer la pedicura a la vaca.
R
Ramal: Soga con la que se lleva al burro.
** Recio: se utiliza habitualmente para indicar la fortaleza de las personas.
Recua: Montón de gente.
Renquear: Ir de mala gana.
Repión: Peonza, para jugar los niños.
**Resabiao: Persona o animal demasiado espabilado, que actúa con desconfianza.
Responso: Rezo por los muertos que cantaban el cura |